Deporte femenino y comunicación
Durante años, las portadas deportivas se llenaron de héroes masculinos. El deporte femenino quedaba relegado a un breve recuadro o, en muchas ocasiones, ni siquiera encontraba espacio. Recuerdo de niña buscar en los periódicos alguna reseña de las competiciones femeninas y toparme con apenas una línea perdida en la contraportada. El silencio comunicativo era tan ensordecedor como injusto.
Hoy, ese silencio empieza a resquebrajarse. Los medios, las marcas y, sobre todo, las propias deportistas, han aprendido a contar sus historias desde otro lugar. Y aquí aparece un punto esencial: la comunicación no es neutra. Cómo se narra el deporte femenino importa tanto como lo que sucede dentro del campo, la piscina o la pista.
Más allá del marcador
No basta con anunciar resultados. La comunicación del deporte femenino tiene que rescatar el viaje: los sacrificios invisibles, los entrenamientos a contracorriente, los obstáculos burocráticos, las desigualdades en premios o instalaciones. Porque ahí está la verdadera épica.
Cuando se cuenta un campeonato masculino, el relato suele centrarse en la gloria de la victoria. En el caso del deporte femenino, el verdadero triunfo muchas veces ha sido llegar hasta allí, sostener un proyecto, mantener viva la llama a pesar de las barreras. Eso exige una narrativa distinta, más profunda, más humana.

Romper estereotipos desde la palabra
Durante demasiado tiempo, el discurso mediático sobre las mujeres en el deporte se ha teñido de condescendencia: «valientes», «luchadoras», «guapas». Adjetivos que rara vez se utilizan para sus homólogos masculinos. La comunicación que realmente transforma es la que muestra a las deportistas en su dimensión completa: profesionales de élite, estrategas, líderes, referentes sociales.
No se trata de maquillar la realidad, sino de cambiar el foco. Pasar de «ellas también pueden» a «ellas son, con todo derecho, parte de la élite deportiva».
Cuando comunicar también es entrenar
Las deportistas que hoy gestionan sus redes sociales, que levantan su propia voz, saben que comunicar es tan exigente como entrenar. Requiere disciplina, coherencia, constancia. Desde el minuto en que comparten un mensaje, están educando a una generación que las mira como espejo.
Ahí está la oportunidad: crear narrativas que no solo rompan estereotipos, sino que construyan referentes sólidos. Contar que una jugadora gana títulos es importante; contar cómo inspira a miles de niñas a calzarse unas botas o tirarse a la piscina es imprescindible.

La búsqueda constante
Esa búsqueda constante de nuevas narrativas es la que me mueve también en mi trabajo. Porque comunicar no es repetir titulares, sino abrir caminos. No es solo dar visibilidad, sino generar referentes. Y como en el deporte, no hay meta definitiva: siempre queda espacio para hacerlo mejor, para contar más y para llegar más lejos.





